Antes que anochezca estaré muerto

Escrito en

por

Antes de que acabe la noche, estaré muerto.

Lo sé con certeza, como se sabe el final de una historia que ya ha sido escrita. No hay escapatoria. No hay milagros de último momento. Solo queda el eco de lo que fui, desmoronándose sobre sí mismo.

Estoy en un sótano oscuro y húmedo, un lugar que huele a óxido y desesperación. La única luz proviene de una bombilla desnuda que titila, proyectando sombras retorcidas en las paredes de ladrillo. Afuera, la ciudad sigue rugiendo, indiferente a mi tragedia.

Entonces, la puerta cruje.

Una silueta femenina se recorta contra la tenue luz del pasillo. Su respiración es agitada. Me busca.

—No hay tiempo, tenemos que salir de aquí —susurra.

Pero antes de moverme, necesito que entienda. Que sepa quién era yo hace apenas veinticuatro horas. Que comprenda cómo todo lo que tenía se convirtió en cenizas en un solo día.

Hace 24 horas

Me llamo Javier Ávila. Hasta ayer, era un hombre de éxito. Dueño de una empresa de importación y exportación, con una casa en un barrio exclusivo, un Mercedes negro estacionado en la entrada y una familia que lo era todo para mí. Mi esposa, Lucía, y mis hijos, Diego y Sofía, me esperaban cada noche para cenar. Tenía amigos influyentes, cenas elegantes, un futuro asegurado.

Hasta que todo se torció.

El primer aviso fue un mensaje en mi móvil:

“Todo listo. El cargamento llega esta noche. Dinero en mano. O atente a las consecuencias.”

Número desconocido. Un error, pensé. Algún idiota enviando mensajes a la persona equivocada. Lo ignoré.

Horas después, dos hombres me abordaron al salir de mi oficina.

—Es hora de hablar, Moreno —dijo uno de ellos, un tipo enorme con una cicatriz en la mejilla.

—Se equivocan de persona —respondí, tratando de mantener la calma.

No me escucharon. Me empujaron a un coche negro. Sus miradas eran frías, mecánicas. Entre amenazas y golpes, entendí lo que estaba pasando: me confundieron con alguien llamado Alejandro Moreno, un hombre que les debía mucho dinero. Intenté razonar con ellos, explicarles que era un error, pero no les importó. Querían su dinero. Querían respuestas.

La caída

Me golpearon. Me arrojaron en un callejón trasero, sangrando y aturdido. Creí que ahí terminaba todo.

Pero era solo el principio.

Cuando llegué a casa, la puerta estaba entreabierta. Un escalofrío recorrió mi espalda. La sala estaba revuelta, como si alguien hubiera buscado algo con desesperación. Llamé a mi esposa.

Silencio.

Corrí al cuarto de los niños. Vacío.

Mi familia había desaparecido.

Sobre la mesa de la cocina, un mensaje escrito con un cuchillo clavado en la madera:

“Tienes 24 horas.”

Intenté buscar ayuda. Llamé a mis amigos más cercanos. Ninguno respondió. Fui a mi empresa. Un caos: cuentas bloqueadas, la policía en mi oficina. Mi socio, aquel en quien más confiaba, se limitó a decir:

—No puedo ayudarte, Javier. Tú te lo buscaste.

Me habían borrado. Como si nunca hubiera existido.

Desesperado, busqué a la única persona que podía decirme algo: un contacto en los bajos fondos. Me citó en un bar oscuro.

—El verdadero Alejandro Moreno robó dinero de la mafia rusa y ha desaparecido. Y ahora, ellos creen que tú eres él.

No había forma de convencerlos de lo contrario. No les importaban las pruebas. Solo querían recuperar su dinero. Y si no lo tenían, se asegurarían de que yo pagara con sangre.

Corrí a casa, pero la encontré en llamas.

El fuego devoraba todo lo que conocía. Mi Mercedes explotó en la entrada.

Todo. Todo lo que tenía. Destruido en un solo día.

Huir era la única opción. Me escondí en este sótano, esperando el final.

De vuelta al presente

—Javier, ¡vamos! —La mujer frente a mí insiste.

La reconozco. Natalia, una antigua amiga de Lucía. ¿Cómo me encontró?

—¿Dónde están ellos? —pregunto, con la voz quebrada.

—A salvo… por ahora. Pero si no sales de aquí, no habrá nadie a quien salvar.

Dudo.

Antes de que pueda decidir, escucho pasos arriba. Voces en un idioma que no comprendo.

Nos han encontrado.

Antes de que acabe la noche, estaré muerto.

Pero no sin pelear.

Etiquetas

Categorías

Los relatos de Peter

Relatos de ficción adictivos y escritos con pasión